miércoles, enero 23, 2008

Clemencia Cletera

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A esta pastelita la cacé en la Ciclovía de Simón Bolivar, más o menos en la esquina con Suecia. Es la primera pieza que capturo en el territorio de mi querida Ñuñoa. El cacharro envenenador del aire estaba estacionado solo y cuando se acercan los funcionarios de la municipalidad, justo sale la conductora.

Les voy a contar toda la verdad. Esta captura no la contabilizaré en mi record, pues finalmente no fue multada. Los funcionarios le dijeron que tenían que cursarle la infracción de todas formas pues había un reclamante (o sea yo) que para más re...mate, estaba grabando todo. En ese momento ella me pide hablar. La tipa era bastante buena moza y pide disculpas...que no se volvería a repetir, etc. Los municipales me quedan mirando y...¿qué quieren que hiciera?...dije..."bueno...ojalá que respetes más de ahora en adelante"...les agradecí a los funcionarios y me fui.

¿Que si hubiera sido un guatón feo como el anterior? Hmm...igual...cuando alguien pide disculpas es difícil actuar distinto. Además, la noche anterior había visto "Impacto Total" y me dejó pensando bastante...esto de los buenos y los malos...es cierto, era automovilista, pero podía ser en otros planos una buena persona y a veces no queda sino creer que estaba siendo sincera en su arrepentimiento o que por último, en el futuro tendrá temor a ser multada.

Ojalá en mi próxima captura no salga nadie pidiendo disculpas, de lo contrario, no voy a avanzar mucho, je-je.

jueves, enero 17, 2008

De cacería...



Aquí tienen las imagenes de la última pieza que capturé. Era un pastelito que había estacionado su tóxico montón de fierros en una de nuestras sagradas pistas, la de Marín, entre Condell y Avda italia. Primero se hizo el humilde y después de tiró a pucho...algo se escucha en el video...pero el parte no se lo despintó.


Disculpen las falencias técnicas pero tengo mi cámara en el servicio técnico, así que me tuve que batir con el celular.


No podemos negar que el despliegue fue impresionante...parece que esa tarde estaban aburridos.


A mis hermanos y hermanas pedaleras les propongo que hagamos una suerte de campeonato y pongamos distintivos en nuestras naves, uno por cada uno de la plaga que logramos que sea sancionado. Claro, habría que tener el registro en video para certificar la captura. Sería algo así como los records de los pilotos de guerra en relación a los enemigos derribados.


Como me gustaría una competencia justa, les cuento mi modus operandi. El arma principal es un celular. Con él, primero llaman gratis a la seguridad ciudadana (el número de la de Providencia, donde he logrado mis dos piezas, es 800800767). Luego, cuando ésta o los paquidermos se hacen presentes, exigen que se curse el parte correspondiente y registran la escena. Si el guardia o paquidermo se niega, registran igual y me llaman para hacer la denuncia por incumplimiento de deberes.


Quizás así, logramos que las ciclovías sean respetadas, sin perjuicio de nuestro irrenunciable derecho a usar las otras vías cuando no tengamos vía exclusiva.
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sábado, enero 12, 2008

Sobre Ecosocialismos



En El Mostrador se difundió hace poco un documento del economista Marcel Claude, que busca aportar a sentar en Chile las bases teóricas de una visión que el autor llama “eco-socialista”, adscribiéndose así a una tendencia ideológica que ha adoptado esa denominación en el mundo. Me parece un esfuerzo importante para levantar un pensamiento político propio desde el campo de la crítica a la devastación de la naturaleza. Lo considero además muy oportuno en estos tiempos. Hoy pululan en nuestros medios ciertos personajes que, para mantenerse vigentes, no dudan en transformarse en maquilladores, aplicando “ungüentos verdes” a los políticos que dirigen o han dirigido la depredación. Es sano, por lo tanto, como lo hace Claude, ayudar a esclarecer las responsabilidades, que hoy está tan de moda eludir.

Claude describe el proceso de acumulación de riquezas de los grandes poderes económicos en Chile y nos muestra con cifras cómo este se ha acrecentado durante los últimos gobiernos de la Concertación. Nos muestra también cómo esta acumulación tiene su raíz en la sobre explotación del trabajo humano, recogiendo así la tradicional crítica marxista, pero también en la sobre explotación de la naturaleza, integrando entonces la crítica ecologista. Nos parece que esta “ampliación” de la crítica marxista es un avance hacia una mirada más integradora y por lo tanto más explicativa de la realidad. Sin embargo, a nuestro juicio, resulta aún unidimensional para dar cuenta de la magnitud del desafío de preservar la vida en la Tierra.

En efecto, el análisis de Claude se reduce sólo al ámbito de la producción y concluye en el momento en que el capitalista vende su mercancía haciendo su ganancia a costa de trabajador y naturaleza. Pero resulta que ahí empieza la otra parte del ciclo económico: el consumo. Marx no profundizó en la fase del consumo. No es justo criticarlo por ello. La realidad que él percibía era la de pequeñas élites despilfarradoras y grandes masas de trabajadores carentes de lo esencial. Preocuparse de los impactos del consumo habría sido más bien una frivolidad intelectual en aquellos años. Pero hoy, cerca de 150 años después, las cosas son muy distintas.

La externalizacíon de los costos ambientales, implica que el capitalista puede producir pagando menores costos, por lo tanto, puede cobrar menores precios y con ello, maximizar el consumo social. Gracias a que los productores de celulosa envenenan los ríos, puede producirse papel barato, que por serlo, queda disponible fácilmente para nuestro uso y abuso.

En síntesis, una parte del deterioro de la naturaleza se la embolsan los capitalistas y la otra, los consumidores, entre los cuales estarán los mismos trabajadores. Esa es, a mi juicio, una visión que da cuenta en mejor forma de la complejidad del proceso económico, logrando inter-ligar sus distintos aspectos. Al hacerlo, muestra una realidad bastante diversa de la que ofrece un socialismo ecologizado.

El no considerar adecuadamente la fase del consumo en el análisis económico, tiene a mi juicio dos consecuencias políticas muy peligrosas. La primera, es no visibilizar que el consumismo tiene un efecto narcótico sobre los que a él acceden. La segunda, quizás con mayores implicancias éticas, es que no muestra las responsabilidades de cada uno de nosotros, en tanto partícipes de los procesos de consumo, en los daños que está sufriendo la Tierra. Como consecuencia, minimiza el papel del cambio conductual personal.

Fuerzas para el Cambio

En relación al primer punto, resulta interesante evaluar el postulado que hace Claude, desde una clara inspiración socialista, al reafirmar “como sujeto de la historia a los trabajadores”. Cabe preguntarse si los trabajadores chilenos de hoy, se corresponden más con aquellos proletarios que “sólo tenían cadenas que perder”, a los que exhortaban Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, o si más bien tienden a parecerse cada día más a aquellos que según Marcuse, han perdido el interés en cambiar las cosas, de tanto tomar cerveza viendo el fútbol en la tele (hoy en su buen plasma) o de tanto sacarle brillo al autito. Probablemente, se trata de una mezcla.





Pero de ser válida, al menos en parte, la idea marcusiana de la domesticación de amplios sectores de trabajadores, quizás sería necesario una reflexión más profunda que permita vislumbrar más claramente a aquellos sectores que efectivamente tienen contradicciones con la actual forma de dominación y depredación y que podrían liderar cambios que apunten a la justicia social y a la sustentabilidad. Seguramente, ciertos sectores de trabajadores. Quizás los migrantes, un sector cada vez con más peso en Chile. Especialmente, nuestras naciones originarias, que reivindican alternativas de vida distintas al etnocéntrico mito del “desarrollo” y que hoy encabezan procesos políticos refundacionales de estados latinoamericanos, como en Bolivia y Ecuador.







Revolución Personal

La segunda consecuencia de la no consideración de la fase del consumo en el análisis económico que hace Claude, es que no identifica las responsabilidades de cada uno de nosotros en el deterioro del planeta. Por ello, no visibiliza tampoco las potencialidades del cambio conductual personal, en tanto antesala del cambio social. Este aspecto resulta central para diferenciar un enfoque ecologista integral, de un enfoque izquierdista “ecologizado”.

El izquierdismo, como su nombre lo indica, ve las cosas desde un lado y con buenos fundamentos, acusa al capitalista. El ecologismo, tratando de entender mejor las cosas, sin duda que también acusa a los grandes depredadores, pero al mismo tiempo, evalúa la responsabilidad de cada uno de nosotros en el daño a la Tierra.

En Chile, más que procesos productivos, se desarrollan procesos “extractivos” de la riqueza de la naturaleza. Al mismo tiempo, hay amplios sectores de la población sumidos en la pobreza. Si esa fuese toda la historia, el planteamiento de Claude sería completamente suficiente para fundar una política. Sin embargo, Chile también es un país donde se expande el consumismo capitalista. Ese consumismo es también causa directa de graves problemas ambientales.

Por ejemplo, la contaminación atmosférica de Santiago, uno de los mayores problemas ambientales del país, está generada en buena medida por el crecimiento del parque automotor. Evidentemente, no sólo Luksic, Angelini, Matte y sus secuaces más directos usan automóvil. Hay alrededor de 1.200.000 vehículos circulando por las calles de Santiago, envenenando el aire de esta ciudad y contribuyendo a que Chile sea el país latinoamericano donde más han crecido las emisiones de gases de efecto invernadero.

Chile, es un país donde mucha gente tiene problemas para alimentar a su familia. Sin embargo, es también un país donde crece la obesidad al punto de constituirse en un problema de salud pública. Tenemos aún muchas lacras de país pobre y al mismo tiempo, ya tenemos muchas lacras de país ahíto. Somos ambas cosas y frente a ambas es necesario generar una alternativa.

El ecologismo, a mi juicio, propone una nueva ética. Una ética que genera indignación al darnos cuenta del daño y del abuso que se comete contra los más desposeídos, contra las futuras generaciones humanas, contra otros seres. Pero al mismo tiempo, es una ética que genera vergüenza, al mostrarnos nuestra propia responsabilidad en ese daño. La indignación y la vergüenza en este caso no se contraponen ni nos paralizan. Por el contrario, nos hacen buscar la coherencia y así, nos fortalecen, para no soportar el daño injusto que causan otros y evitar causarlo nosotros a los demás. Tal vez, como se ha dicho, todo esto se resuma en “vivir sencillamente, para que otros puedan, sencillamente, vivir”.

La conclusión de la propuesta de Claude sería que se debe desplazar del poder a los políticos serviles de los grandes depredadores y reponer propuestas que miren al bien común. En eso no podemos sino coincidir. Sin embargo, creo que no debemos esperar ningún gran evento político para iniciar el cambio. La transformación hacia otras formas de vida más respetuosas, la podemos comenzar en nosotros mismos, en este mismo momento y tan radicalmente como nuestra fuerza interna nos permita.

Quizás, más que construirle una ampliación verde a la vieja y derruida casona socialista, sea necesario construir sobre nuevos y firmes cimientos, que nos permitan alcanzar una mayor altura y por lo tanto, obtener una visión más amplia del mundo en que nos ha tocado vivir. Desde esa amplitud, puede ser posible una nueva síntesis de ética y política. Una síntesis que demuestre lo que nos dice Riechmann: La Política se justifica en la medida en que constituye una Macroética y la Etica, no es más que la buena forma de gobernarnos a nosotros mismos, una Micropolítica.